EL LLAMADO DE DIOS

Testimonios Vocacionales

Sister Sandra Luz Campos Polanco

Compartiendo Entre Amigas

 

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¿Cuál es tu nombre? Mi nombre es Sandra Luz Campos Polanco, nací en Tijuana Baja California, mis padres, Primitivo Campos Luna, oriundo de Etzatlán, Jalisco, mi madre Florentina Polanco López, nació en Santa Isabel, Nayarit. Ellos se conocieron en Tijuana, ahí se casaron y yo nací en mi querida frontera de Baja California Norte. Tengo 5 hermanas y un hermano.

 

– ¿A qué edad sentiste que Dios te llamaba a servirlo en la Vida Religiosa?  Alrededor de los 18 años.

 

– ¿Cómo empezó tu vocación? ¿Qué sentiste? ¿Qué pensaste?

En qué momento inicio no podría precisarlo, pero creo que nuestro Señor me fue mostrando su rostro en mi vida de kínder, la coordinadora del programa de catequesis (diríamos ahora), era la misma del kínder. Ella con sus catequistas fue quien nos preparó a nuestra primera comunión, la hice con mis hermanas, Blanca Estela y Ana María.

 

La Sra. Mariquita (madre de nueve hijos) fue la pionera de que existiera nuestra capilla San Luis Gonzaga. Yo llegaba temprano los domingos, ella me enseñó que había un calendario que marcaba cuál color de casulla [vestimenta sacerdotal] le tocaba usar el padre en la misa. Me gustaba acompañarla cuando ya estaba viejita, tenía su tiendita, fue una mujer ejemplar.

 

Yo fui catequista, la formación puedo decir que la recibí de las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo, nos convocaban en el salón del SEDEC (Secretariado de Evangelización y Catequesis). En ese lugar una compañera me preguntó si yo sabía lo que iba a hacer en mi vida, le dije que sí, que me iba a casar, pero, si alguna vez pensara en entrar al convento, sería con las hermanas que nos daban la formación. Participábamos un buen grupo de jovencitas de nuestra colonia en los cursos, nos íbamos en el camión. También influyeron en cultivar mi llamado los sacerdotes, José Luis Navarro, Claudio, y el P. Arturo de la Torre, a quien le comuniqué mi decisión de entrar al convento en 1981.

 

Yo trabajé antes de venirme en el SEDEC, hacía de todo: limpieza, escribir en mimeógrafo, a máquina (las computadoras apenas empezaban a llegar a las oficinas del Obispado), ir al correo, arreglar materiales, vender libros, etc.

 

En este ambiente recibí la invitación a un retiro vocacional, pero no me anime a pedir permiso, mi papá no nos dejaba estar fuera de casa. Pero me volvieron a invitar, se lo comenté a mi hermana Anita, ella me dijo algo así: “si vas sabrás si es tu lugar o no, si no vas, te quedarás con la duda”.

 

Entonces pedí permiso a mi papá, le dije que era un retiro, no que era un “pre-convento” (así le llamaban). Todo lo que nos facilitaron: charlas, testimonios, momentos de oración, yo me sentí feliz, Jesús llenaba mi vida. Había varias congregaciones que dieron a conocer sus carismas, pero yo me identificaba ya con la misión de las MGSpS.

 

Me pidieron esperar dos años porque había yo dejado la carrera de secretaria bilingüe, y necesitaba concluir los estudios para poder ingresar. Yo me fui conforme, pero en la noche, sentí que debería de ingresar ese año. Después entendí que era Dios que me lo indicaba, ya que mi papá murió siete meses después de llevarme al convento.

 

-¿Qué te motivo interiormente a responder y a decidirte por la vida religiosa?

Ante la enfermedad de mi papá, no fue fácil dar el paso a expresarle que quería ingresar a la vida religiosa, pero fue más fuerte la gracia que sentí en mi corazón, como un imán me atraía Jesús a seguirlo … no conocía Morelia, pero sabía que tenía que viajar a ese lugar.

Cuando se lo expresé a mi papá, me dijo: “mija, usted es catequista, sabe que es la ley de la vida, si usted me dice que se quiere casar, yo no me opongo, si usted me dice que se quiere ir al convento, menos”. Él ahora está en la Casa del Padre y sus palabras amorosas son un apoyo en mi vocación.

Llorar por separarse de la familia es parte de cualquier vocación, hecha en libertad y por la experiencia de amor.

 

– ¿Qué te motiva actualmente a continuar en la misión?

Como en mi primera profesión, tengo la certeza de que ha sido la voluntad de Dios salir a otra tierra.

Jesús ha querido que vengamos a República Dominica, quiere que viva mi vida consagrada con nuevos matices, descubriendo nuevos caminos con El  y su Pueblo.

 

Voy aprendiendo que no es bueno caminar rápido cuando el sol está fuerte y menos si se va caminando en una loma, puedo decir que, así va siendo mi experiencia en esta misión, voy “al paso”, descubriendo, dialogando con mis hermanas de comunidad lo que vamos viviendo con el pueblo dominicano, a quien queremos compartirles la alegría que da Jesús a nuestras vidas.

 

Agradezco a tantas personas que me han impulsado en mi vocación misionera, de manera especial en este tiempo, mi madre con sus oraciones, sacrificio y amor.

ONE COMMENT

  • Victor Hernandez says:

    A beautiful vocational story. How blessed I have been to have known you and shared our journey of faith. You will always remain a beacon of trust and faith in the Lord. Thank you for your friendship. Although, I have not spoken to you in years, it’s as if were yesterday that I last saw you. Many blessings my friend in Christ Jesus!

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