HOMILIAS

Jueves de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

SEÑORÍO DE JESÚS – MISERICORDIA (Lc 15,1-10)

Jueves de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

Por Pbro. José Esteban Rosado, M.Sp.S.

Transcrito por Hna. María Candelaria Hernández Estrada, M.G.Sp.S.

Noviembre 5, 2015

 

      SENORIO-JESUS-MISERICORDIA

 

Luke 15:1-10 Found for a Purpose. Digital image. Shepherd of the Hills. N.p., n.d. Web. 25 Nov. 2015.

Luke 15:1-10 Found for a Purpose. Digital image. Shepherd of the Hills. N.p., n.d. Web. 25 Nov. 2015.

 

Rom 14,7-12

Sal 26

Lc 15,1-10

 

 

Quisiera invitarles ahora, a dejar que esta Palabra que hemos escuchado, que se nos ha proclamado, que es Palabra de Dios, primero como dejar que se asiente en nuestro corazón, de esta manera como empieza la lectura del día de hoy en la carta de San Pablo a los cristianos de Roma, es el texto que ordinariamente utilizamos para anunciar el Señorío de Jesús. “Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo, si vivimos para el Señor vivimos y si morimos para el Señor morimos, por lo tanto ya vivamos, ya muramos  del Señor somos porque Cristo murió y resucitó para eso, para ser Señor de vivos y de muertos”. Primer texto.

 

En el Salmo, yo le llamaría a este Salmo, un Salmo del consuelo. Después cuando ya se va a proclamar el Evangelio, mientras se canta el Aleluya, dice “vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la carga”. Pueden ser tan variadas nuestras cargas “y yo los aliviaré, dice el Señor”. Pero si después de recuperar esta Palabra dejamos que el Salmo otra vez como que se asiente en nuestro corazón, veremos que es ese alivio del que nos habla Jesús, nos lo da también en su Palabra, escúchenla en estos términos y verán que es un alivio el que nos da el Señor y nos alivia y nos descansa cuando bebemos su Palabra. “El Señor es mi luz y mi salvación ¿a quién voy a tenerle miedo?”

 

¿Qué es lo que nos cansa muchas veces? ¿Qué es lo que nos fatiga? Nos fatigan nuestros miedos, nos fatigan nuestras angustias y sigue el Salmo: “el Señor es la defensa de mi vida ¿quién puede hacerme temblar? Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida”. Lo único, pero nosotros buscamos a veces tantas cosas, tratando de llenarnos, buscamos tantas cosas tratando de sentirnos enteros, completos, cuando la respuesta la tenemos en el Señor. “La bondad del Señor, espero ver en esta misma vida”. Y termina el Salmo que ya ustedes escucharon y respondieron “ármate de valor, ármate de fortaleza y confía en el Señor”.

 

Bien y en el Evangelio, un rasgo que siempre me ha gustado subrayar y ahora quisiera hacerlo también con ustedes, San Lucas ahora, en este capítulo 15 de su Evangelio, nos habla de las tres parábolas de la Misericordia: la primera parábola es la oveja perdida, la segunda parábola es la moneda perdida y la tercera parábola es el hijo pródigo o el Padre pródigo que todos conocemos.

 

Pero lo que quisiera subrayar ahora, es cómo empieza este texto, dice: “…en la que se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo y murmuraban…” No lo escuchaban y bebían lo que decía, lo escuchaban y lo criticaban, sin embargo, Jesús… y ven como que esto viene en relación con lo que decía hace un momento ¿qué es lo que muchas veces nos inquieta? ¿Qué es lo que nos impide vivir? ¿Qué es lo que nos fatiga? ¿Qué es lo que nos agobia? Y lo que nos agobia muchas veces, no es otra cosa sino tener que enfrentar personas con las que ordinariamente no podemos llevar un trato como quisiéramos llevarlo, con personas que no nos aman como quisiéramos ser amados, o personas que no amamos como quisiéramos poder amar y esto es lo que produce esa fatiga, ese agobio, ese cansancio.

 

Bien, pues ahora ¿delante de quiénes dice Jesús, sus tres mejores parábolas? delante de sus enemigos. Cuando nosotros queremos contar algo bonito que tenemos adentro del corazón, cuando queremos compartir algo que realmente nos quema de alegría, no vamos con los que nos pelean, no se lo contamos a quienes   nos caen mal o a quienes les caemos mal, buscamos a los amigos, a los que sabemos que nos comprenden, que nos escuchan. Jesús no, Jesús, la mejor de sus parábolas se las dice a sus enemigos. Eso es el corazón abierto de Jesucristo, eso es el corazón abierto.

 

En la Cruz del Apostolado, podemos ver que el corazón está abierto y está vacío, así se mantiene siempre Jesús, aunque le claven la lanza, sin embargo, se abre y se vacía o sea, nos invita a pasar a su corazón, nos invita a vivir en él. Al contarles esta parábola lo que está haciendo es invitándoles a que vean cómo es Dios con ellos, cómo es Dios con nosotros.

 

Una vez que encuentra la oveja – dice – “la carga sobre sus hombros lleno de alegría y al llegar a casa reúne a los amigos” etcétera. Quisiera señalar un detalle, aquella oveja seguramente era una oveja traviesa, no vamos a decir que era una oveja mala, era una oveja traviesa, iba todo el rebaño por un lugar y esta se fue por otro lado y se perdió. ¿Qué hace Jesús? va por ella ¿Cómo la regresa? Pensemos ¿Como regresaríamos un hijo a casa, que se ha portado mal? Tal vez con una varita para que regrese a la casa, aquí Jesús no es así, Jesús le ahorra el camino de regreso, la sube sobre sus hombros y regresa al redil. Ese es el amor de Dios. Esto es lo que les cuenta a estos hombres que en ese momento le estaban criticando y estaban murmurando de él, ciertamente son textos conocidos de sobra por ustedes, por nosotros, pero sin embargo, si les ponemos atención, si nos dejamos tocar por ellos, veremos que son textos de la Palabra que siempre están frescos.

 

Quien ama lo que hace, no sólo quien hace lo que ama, sino quien ama lo que hace, entenderá la pasión con la cual el pastor y la mujer de la parábola festejan el reencuentro de lo que habían perdido. Si eso pasa con objetos como es una moneda, si eso pasa con animales como es una oveja, mucho mayor es la alegría de la reconciliación con aquellos que amamos, cuando lastimamos a las personas con quienes vivimos no estamos haciendo otra cosa, no nos engañemos, no estamos haciendo otra cosa que exhibiendo nuestra fragilidad, no, aunque nos aparentemos que estamos fuertes, estamos exhibiendo nuestra fragilidad.

 

La dicha del perdón y la reconciliación, experiencia del perdón y la reconciliación son imborrables y San Pablo nos urge a sobrepasar las visiones estrechas, nos exhorta a acoger con un corazón abierto las diferentes posturas de nuestros hermanos, de nuestros parientes, de nuestros jefes en el trabajo, quien busca agradar sinceramente al Señor, no puede merecer nuestra aprobación, ni nuestro rechazo, no vale hacerlo.

 

“En la vida y en la muerte, hermanos, somos del Señor, somos del Señor” Parece que había algunas dificultades entre los cristianos de la comunidad de Roma, por diferentes maneras de pensar y que muchas veces, pues los enfrentaba y dificultaban la vida comunitaria. Pablo – y esto es un detalle de San Pablo como muy sabio, muy inteligente, muy pastor – no se pone a discutir quién tiene la razón, sino los invita a que los hermanos se comporten según su propia conciencia a evitar juicios condenatorios, sobre ¿qué tema estarían descubriendo? Eso no es lo más importante para Pablo. ¿Cuáles eran los temas de los pleitos? Eso no le importa mucho, lo fundamental es preguntarse si realmente Cristo es el Señor de sus vidas o no, y esto es lo que tenemos que preguntarnos, porque a veces en nuestras discusiones decimos: “pero si tengo razón” y hasta sacamos aquel argumento: “la verdad no peca pero incomoda” no es este el punto.

 

Lo fundamental es preguntarnos sí Jesús es mi Señor y si esto es así, muchas otras cosas se van relativizar, relativizar quiere decir: dar menos importancia a un asunto al relacionarlo con otros asuntos, con otros aspectos. Si realmente vivimos para el Señor y no para nosotros, ya sabemos esto en qué consiste, en esto consiste: “únicamente tenemos que aprender a beber cada día el Evangelio y poner nuestros ojos fijos en Jesús y aprender a mirar por los ojos de Jesús y dejar que Jesús mire por nuestros ojos deteniéndonos cada día en contemplar sus Palabras, contemplar sus actitudes para con las personas, muchas veces nos sucede que hacemos absolutos, de lo que no es absoluto y perdemos fuerza en defender posturas dejando que se nos vaya la vida en eso. Pero al portarnos así, ¿nuestra actitud realmente es evangélica? Yo creo que no.

 

Si somos conscientes que somos del Señor nos esforzaremos por vivir bajo la mirada cariñosa del Padre y sabremos alegrarnos por lo que él se alegra, entonces podremos decir felicítenme he encontrado la oveja que se me había perdido. ¿Cuántas ovejas hay dentro de nosotros que se han perdido? ¿Cuántos valores? ¿Cuántas monedas no hemos perdido nosotros? Hay que buscarlas.

 

Hay muchas formas de alegría, todo el capítulo 15 de Lucas es una invitación a entrar en la alegría inmensa que Dios siente al encontrar a sus ovejas perdidas, es la alegría que brota de un corazón que sólo es misericordia, que nos busca donde estemos  y como estemos, que nos carga sobre sus hombros, nos lleva con él y hace una fiesta por nosotros, porque nosotros somos la alegría de Dios. No lo privemos de esa alegría.

 

En la vida diaria vivimos momentos que nos hacen entender y compartir esta alegría, esta fiesta en el corazón de Dios, cuando vemos a la gente crecer y descubrir en sus vidas sus miserias, pero al mismo tiempo que Dios los ama, cuando rehacemos encuentros de años de relaciones rotas, cuando vivimos experiencias de perdón verdadero.

 

Cada uno de nosotros desde nuestra realidad podemos ir completando esta lista de alegrías con otras experiencias que cada uno hemos vivido. Los fariseos y los escribas no pueden disfrutar nada de esto, porque el centro de su corazón no es el amor, sino la ley. Por eso tengamos cuidado con el escriba y el fariseo que cada uno de nosotros lleva dentro, por eso murmuran ante las actitudes de Jesús.

 

El Papa Francisco decía en la cuaresma de este año, del 2015, decía en su mensaje de cuaresma: “Cuánto deseo que los lugares en donde se manifiesta la iglesia, en particular en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”[1] de este mundo. ¿Por quiénes podría alegrarse Dios el día de hoy?

 

Pidamos la gracia de que hoy tengamos de que llenarnos de alegría en vez de seguir nuestros resentimientos, en vez de seguir en nuestros odios, en vez de seguir en nuestros rencores, en vez de seguir en nuestras confusiones, abramos el corazón a Dios.

 

 

[1] Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2015, # 2. Librería Editrice Vaticana.

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