HOMILIAS

Domingo 20º del Tiempo Ordinario – Ciclo C

FIJOS LOS OJOS EN JESUS

Domingo 20º del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Por Pbro. José Esteban Rosado, M.Sp.S.

Transcrito por Hna. María Candelaria Hernández Estrada, M.G.Sp.S.

 

Agosto 14, 2016

 

      02 FIJOS LOS OJOS EN JESUS

 

Jeremías 38,4-6.8-10

Salmo 39,2.3; 4.18

Hebreros 12,1-4

Lucas 12,49-53

 

Lucas 12, 49-53. Digital image. Evangelho De Lucas 12, 49 53. N.p., 23 Oct. 2014. Web. 13 Sept. 2016.

Lucas 12, 49-53. Digital image. Evangelho De Lucas 12, 49 53. N.p., 23 Oct. 2014. Web. 13 Sept. 2016.

 

Ante una Palabra del Señor, tan rica el día de hoy, es difícil escoger cuál de las lecturas, sin embargo, quería compartir ahora con ustedes este libro de los Hebreos.

Los cristianos de las primeras comunidades, todos ellos se experimentaban, se vivían como seguidores de Jesús, no tanto como miembros de una nueva religión. Según San Lucas, las comunidades están formadas por personas que han conocido el camino del Señor y atraídas por Jesús, han entrado por este camino y se experimentan seguidores del “camino”, así dice San Lucas.

 

La Carta a los Hebreos, precisa que es un camino nuevo y vivo, un camino nuevo y vivo, inaugurado por Jesús para nosotros, un camino que necesitamos recorrer viviendo una adhesión plena a la persona de Jesús, como dice el texto el día de hoy «con los ojos fijos en Jesús» que es quien inicia y quien consuma nuestra fe.

 

Después, el Evangelio de San Juan, lo resume todo poniendo en labios de Jesús estas palabras, dice así: «Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre sino es por mí» pero desgraciadamente, como es tal vivida hoy por muchos, la fe cristiana no despierta, no suscita seguidores de Jesús, lo más que suscita, muchas veces, son adeptos o aficionados a una religión, no genera discípulos es decir, personas que identificadas con su proyecto se entregan a abrir caminos al reino de Dios, muchos de ellos corren el riesgo de no conocer nunca la experiencia más original y apasionante que es el encuentro personal con Jesús, porque nunca se ha tomado la decisión de seguirle a él, como persona.

 

Benedicto XVI decía: «No se comienza a ser cristiano por una decisión eficaz o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, por el encuentro con una persona, una persona que le da un nuevo horizonte a la vida y, con este nuevo horizonte, le da una orientación decisiva».[1]

 

Pero ¿cómo entrar por ese camino abierto por Jesús? Si volvemos nuevamente al Evangelio, habrá que decir: – hay que volver a Galilea – En los Evangelios han sido compuestos para ofrecernos la posibilidad… para conocer ese camino abierto por Jesús y es lo que les dice Jesús a las mujeres junto al sepulcro la mañana de la Pascua: «¿Buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado? pues ha resucitado, no está aquí» no hay que buscarlo en el mundo de los muertos, ¿dónde puede ser encontrado entonces Jesús? Hay que volver a Galilea, lo dice el Evangelio de San Marcos 16, 7 dice así: «él va adelante de ustedes, en Galilea, ahí lo verán.»

 

De modo que hay que ir a Galilea, es decir, esto significa que hay que volver al inicio, eso quiere decir que hay que hacer el recorrido que hicieron los primeros discípulos siguiendo la llamada de Jesús, la invitación de Jesús, esto quiere decir que hay que escuchar de nuevo su Palabra, esto quiere decir que hay que aprender su estilo de vida un estilo de vida que está al servicio del reino, esto quiere decir que hay que compartir su destino, su destino de muerte y de resurrección.

 

Si recorremos los Evangelios, podemos experimentar que la presencia invisible y silenciosa del resucitado en su Iglesia adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta que nos llama también hoy a seguirle.

 

El Papa Francisco nos dice: «Entre todas las escrituras, incluso en el Nuevo Testamento, los Evangelios ocupan, con razón, el lugar más importante, pues son el testimonio principal de la vida y la doctrina del Verbo Encarnado, nuestro salvador»[2] ha dicho el Papa Francisco.

 

De modo que, los Evangelios no son libros didácticos, no son libros para enseñar, no son libros que exponen doctrina académica sobre Jesús, tampoco son biografías redactadas para informarnos con detalle de cuál fue su trayectoria mientras estuvo en este mundo. Lo que encontramos en los Evangelios es el testimonio del impacto causado por Jesús en los primeros que se experimentaron atraídos por él y que tuvieron el valor de responder a su llamado, por eso los Evangelios son para nosotros una obra única, que no tenemos porque comparar con el resto de los libros de la Biblia.

 

Sólo en los Evangelios encontramos la memoria de Jesús, tal como era recordado, tal como era creído, tal cómo era amado por sus primeros seguidores y seguidoras. Estos escritos, nacieron de la experiencia directa con Jesús y constituyen el camino más natural para ponernos en contacto con él, resucitado, para ponernos en contacto con su fuerza, para también nosotros, engendrar nuevos discípulos y seguidores ahora.

 

Al recorrer los Evangelios, escuchamos las palabras de Jesús, no como el testamento de un buen maestro, que pertenece para siempre al pasado, sino como Palabras de alguien que está vivo en medio de nosotros y que hoy nos comunica espíritu y vida.

 

Por otra parte, recordamos la actuación de Jesús, no como la historia pasada de alguien que vivió hace muchos siglos, sino de alguien que ahora mismo está con nosotros, como alguien que hoy cura nuestras heridas, como alguien que hoy defiende la dignidad de quienes son puestos a un lado, como alguien que acoge a pecadores y a indeseables, como alguien que abraza a los que sufren, a los pequeños, como alguien que se acerca a quienes son frágiles y que nos llama a todos a ser compasivos, como el Padre del cielo.

 

Hermanos, los Evangelios leídos, escuchados, meditados, compartidos y guardados en nuestros corazones y en nuestras comunidades nos permiten actualizar la experiencia primera de aquellos primeros que se fueron encontrando con Jesús por los caminos de Galilea, por eso hay que volver a Galilea, esta experiencia nos hace vivir un proceso de nacimiento a una fe nueva, no por el camino del, llamémosle, “adoctrinamiento”, no por el camino de un aprendizaje teórico, sino por medio de un contacto vital, por medio de un contacto transformador con Jesús, que es lo que nos presentan los Evangelios.

 

Lo que acogemos en Jesús, no es la instrucción de un catequista, no es la predicación de alguien que habla, sino es la Buena Noticia de Dios encarnada en Jesús, ese Evangelio que, según Pablo de Tarso, dice: «es fuerza de Dios para la salvación de todo aquel que cree».

 

Con esta actitud, les invito en nombre del Señor, a que el día de hoy nos unamos en nuestra santa Misa.

 

[1] Carta Encíclica Deus Caritas Est del Sumo Pontífice Benedicto XVI, No. 1

[2] Constitución Dogmática Dei Verbum, Sobre la Divina Revelación del Papa Francisco, Núm. 18

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Find Us on Facebook