HOMILIAS

Domingo 19ª semana del Tiempo Ordinario – Ciclo C

DINERO (Lc 12, 32-48)

Domingo 19ª semana del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Por Pbro. José Esteban Rosado, M.Sp.S.

Transcrito por Hna. María Candelaria Hernández Estrada, M.G.Sp.S.

Agosto 7, 2016

 

      Lc 12, 32-48. 1 DINERO

 

rico1

Sabiduría 18,6-9

Salmo 32,1.12.18-19.20.22

Hebreos 11,1-2.8-19

Lucas 12,32-48

 

 

La Palabra, en este día, nos habla nuevamente con toda claridad, «no se puede servir a Dios y al dinero», es imposible. Nada más que, el Evangelio de hoy, no se queda solamente en este principio, que tiene como una característica general, al afirmar esto. Con su vida y su Palabra, Jesús se esfuerza por enseñar a los ricos de Galilea y a los campesinos pobres de las aldeas cuál es la manera más humana, la manera más humana de atesorar.

 

En realidad, no todos podían tener un tesoro, a ese tesoro se llamaba, se le ponía el nombre de “mamona”, que quiere decir – dinero que está seguro, dinero que no se puede perder, está asegurado – Recordemos que este nombre de “mamona” era el Dios de las riquezas en el panteón de los fenicios.

 

Jesús explica que hay dos maneras de atesorar. Algunas personas tratan de atesorar cada vez más, asegurando su dinero, no piensan en los demás, su única obsesión es acaparar más y más. Hay otra manera de atesorar, que es del todo diferente, no consiste en acumular monedas, consiste en compartir, para hacerse un tesoro en el cielo, es decir, para hacerse un tesoro delante de Dios. Solamente este tesoro es verdaderamente seguro, solamente este tesoro permanece intacto en el corazón de Dios.

 

Los tesoros de la tierra, por mucho que les llamemos “seguros”, son caducos, no dan seguridad y siempre están amenazados. Mientras más se tiene, más peligros se tiene ahora. por eso Jesús, no nos da esa palabra de alerta, cuidado «porque donde está tu tesoro, ahí está tu corazón».

 

Creo que, podemos decir, que nuestro único tesoro es Jesús, porque lo descubrimos en nuestro corazón, porque descubrimos nuestro corazón puesto en él.

 

Pero también tenemos que aplicarnos, creo, la palabra de San Pablo, cuando dice «esto no quiere decir que lo haya logrado ya, sino que olvidando lo que está atrás me lanzó hacia adelante para ver si logro alcanzarlo habiendo sido yo mismo alcanzado por Jesús» [1]

 

Muchas veces, el dinero atrae nuestro corazón porque nos seduce y da poder, da seguridad, da bienestar, pero de esta manera se vive esclavizado y siempre con el deseo de más. Por el contrario, sí ayudamos a quien tiene necesidad, nos vamos enriqueciendo de Dios y el Padre, el Padre Dios, Padre de los pobres, nos irá atrayendo hacia una vida cada vez más fraterna, cada vez más solidaria, cada vez más humana.

 

Con esta actitud, les invito el nombre del Señor, a que el día de hoy nos unamos en nuestra santa Misa.

 

 

[1] Filipenses 3, 13

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