HOMILIAS

Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

CENTRARNOS EN EL SEÑOR

Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Por Pbro. José Esteban Rosado, M.Sp.S.

Transcrito por Hna. María Candelaria Hernández Estrada, M.G.Sp.S.

Junio 8, 2016

 

Christ Be Our Light. Digital image. MEDITACIÓN DIARIA: No He Venido a Abolir La Ley O Los Profetas, He Venido a Darles Plenitud. N.p., n.d. Web. 10 Dec. 2016.

1 Reyes 18,20-39

Salmo 15

Mateo 5,17-19

 

Han visto ustedes cómo de ordinario tratamos de tomar, ya sea la primera lectura, ya sea la segunda lectura, ya sea el salmo, en fin ir tomando algún aspecto nada más de los textos de la Palabra que se nos ofrecen en la Eucaristía.

 

Hoy quisiera invitarles a que repasáramos todo aquello que nos presenta hoy los diferentes textos de la Palabra, en los que expresamente está la Palabra del Señor, por ejemplo, en la primera lectura tomada del libro de los Reyes ¿qué es lo que sucede? Lo que sucede es que, en aquel ambiente del Monte Carmelo, ya había sido tomado como un lugar sagrado, ya desde los principios, después había sido profanado por otros dioses paganos, habían destruido los altares que se habían hecho, un altar que se había hecho y ahora llega Elías, que es un profeta muy fuerte, dice la Palabra del Señor, especialmente en el Antiguo Testamento, es un profeta muy fuerte y se planta delante de otros, como dice aquí el día de hoy, 450 profetas, que eran falsos profetas y se dedica entonces a demostrar que la Palabra del Señor es una, que el Señor es único, que el verdadero Dios es único, que no hay porqué estar honrando otros dioses.

 

Esto se aplica también a nosotros ¿en dónde ponemos nuestra confianza? ¿En donde asentamos nuestro corazón? ¿A quién verdaderamente escuchamos? ¿A quién verdaderamente amamos? Si amamos al Señor, es importante que reconozcamos que solamente hay un Dios verdadero, hay otros que se nos pueden ir presentando como ídolos, Hoy se presentan como ídolos, de una manera muy especial es el dinero, el poder, el placer, la apariencia, son diferentes ídolos a los que muchas veces hoy, las personas podemos aferrarnos a ellos y no dividirnos y no depender y no adorar, no entregar nuestro corazón al único y al verdadero Dios.

 

Pero ante esta situación, tenemos el Salmo del día de hoy, es el Salmo número 15, dice «protégeme Dios mío, tú eres mi refugio», no buscar refugio en otro tipo de seguridades, sino buscar el refugio en el Señor.

 

Siempre hemos dicho que Jesús es el Señor, que Jesús es mi Señor, pero ¿cuántas veces dejamos que esto se haga realidad en nuestra vida? Estoy tomando el texto del Salmo «Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor» dice la Palabra ahora y eso podemos aplicarlo a cada uno de nosotros, pero ya en la vida, ya cuando se trata de dar pasos, cuando se trata de hacer opciones, ¿verdaderamente Jesús es el que tiene la última palabra? ¿Verdaderamente a Jesús es a quien recurrimos para que sea él el que nos indique por dónde es el camino?

 

Los ídolos abundan, dice el texto «y tras ellos se van todos corriendo», nosotros mismos, muchas veces, podemos ir corriendo por encontrar una determinada seguridad, en determinada circunstancia de nuestra vida, de nuestra necesidad, de nuestra fragilidad, buscamos seguridades que no son el Señor. Lo que Dios nos ha dejado, lo que el Padre del cielo nos ha dejado, es Jesús, Jesús es nuestra herencia y nuestra vida está en las manos de Dios y por eso hay que dejarnos, hay que dejarnos tocar por él, hay que dejarnos impulsar por él, si tenemos a Dios de nuestro lado, como nos asegura la Palabra el día de hoy, si tenemos al Señor de nuestro lado, no tropezaremos.

 

¿Cuántas veces hay personas que, a la hora de tratar de reconciliar su corazón, su gran preocupación, es hacer un enlistado, un enumerado detallado de cada una de sus faltas?

 

Recordemos que existe en nuestra historia, en nuestro corazón, un pecado que es llamado pecado madre y por ese pecado, cometemos otros muchos pecados. El pecado madre, ordinariamente consiste alejarnos de Dios, porque estamos lejos de Dios, por esa razón cometemos muchas faltas, porque no escuchamos su Palabra, porque no recurrimos a él, por eso caemos en una falta y en otra y en diferentes, en diferentes faltas, por eso lo importante es en el momento de la reconciliación, ir a ese pecado, diría que el pecado más frecuente y el pecado que no podemos dejar de lado a la hora de reconciliarnos, es tomar conciencia de nuestra lejanía de Dios, de no darle a Dios el primer lugar que tiene en nuestra vida, porque precisamente, el distanciarnos de él, es lo que nos hace buscar otros refugios, otros placeres, otras seguridades, porque no tenemos el gozo y la alegría de tratar al Señor, de estar con él, por eso hay que decirle, con oración confiada «Enséñame el camino de la vida, enséñamelo Señor, dame esa alegría junto a ti, pero una alegría que sea constante»

 

El problema está en que somos nosotros los que no nos acercamos a esta alegría, él está dispuesto a nosotros. Ya ven hoy, cómo dice el texto en el Evangelio que hemos escuchado, dice la Palabra que Jesús «yo no he venido a abolir la ley, no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud». Era necesario que el Señor nos centrara «el cielo y la tierra pasarán, pero su Palabra no va a pasar» si nos confiamos en esto, el Señor puede ayudarnos, el Señor puede enseñarnos y no estar buscando otro tipo de maestro, recordemos que en aquel tiempo eran tantas las normas humanas que se habían puesto, por eso Jesús quiere que nos centremos en lo esencial.

 

¿Cuáles son nuestras pláticas ordinariamente? Hablamos todo, menos de lo esencial, nuestros temas son muchos temas que no tienen nada que ver con lo que es esencial en nuestra vida, hablamos de compras, hablamos de cuentos, hablamos de chismes, hablamos tantas cosas, hablamos de deporte, hablamos muchísimas cosas, pero lo esencial ¿dónde lo dejamos? Esto es.

 

Por eso hay que decirle «descúbrenos, Señor, tus caminos». Y eso es lo que hace en el Evangelio hoy decirnos, miren, el camino es este, la ley es esta, lo importante es escuchar la Palabra, porque todo lo demás va a pasar y que podamos decir nosotros como nos dice el texto en la primera carta de San Juan el día de hoy, dice «nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él», que se pueda decir esto de nosotros, que se pueda decir esto en nuestra vida, en nuestro caminar, en nuestro dolor y en nuestra alegría y entonces estaremos caminando hacia el Señor.

 

Con esta actitud, les invito a que nos unamos el día de hoy, en nuestra santa Misa.

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