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Ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado

Ayudados por Tu Misericordia, Vivamos Siempre Libres de Pecado

Por P. Fernando Torre, msps.

Marzo 7, 2016.

 

Dads and Children. Digital image. How Can a Parent Help a Child. N.p., n.d. Web. 30 Sept. 2016.

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En la misa, después del Padre Nuestro, el sacerdote pide a Dios Padre: «Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación…»

 

Siempre había considerado la misericordia de Dios como un remedio para nuestros males: el perdón de los pecados, la curación de nuestras enfermedades espirituales… Pero hace unos días, las palabras arriba citadas me hicieron ver la otra cara de la misericordia: una ayuda que Dios nos da para que estemos siempre libres de pecado.

 

La misericordia de Dios es medicina, pero también vacuna; es terapia, pero también profilaxis. Es un amor que interviene después del mal, para remediarlo; pero también antes del mal, para prevenirlo. Mayor amor es llevar al hijo a vacunar contra la poliomielitis, que, enfermo, llevarlo al hospital y a fisioterapia; mayor amor es impedir que el pecado nos hiera, que curar nuestras heridas. ¡Dios mío, cuánto amaste a María!, ¡qué inmenso amor el tuyo, que la preservó de toda mancha de pecado!

 

Pero, ¿hemos caído en la cuenta de cómo Dios nos ha ayudado a evitar el mal? ¿Acaso se lo hemos agradecido? ¿Cuáles piedras quitó Dios ayer de tu camino, en las que pudiste haber tropezado?, ¿de cuáles pecados te libró en los últimos tres días?

 

Y si hoy y mañana queremos vivir libres de pecado, acudamos al Dios misericordioso y pidámosle: «no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal» (Mt 6,13).

 

Te invito a elevar a Dios una oración por la persona que descubrió la vacuna contra la poliomielitis (¿sabes quién fue?), y por todas las que, recluidas en sus laboratorios, han ayudado a que la humanidad –tú y yo– se vea libre de múltiples enfermedades.

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