HOMILIAS

San Joaquín y Santa Ana, Padres de la Virgen María.

ABUELOS JOAQUIN Y ANA

 San Joaquín y Santa Ana, Padres de la Virgen María.

Por Pbro. José Esteban Rosado, M.Sp.S.

Transcrito por Hna. María Candelaria Hernández Estrada, M.G.Sp.S.

Julio 26, 2016

 

      ABUELOS JOAQUIN ANA

 

San Joaquin Y Santa Ana. Digital image. Acatistul Sfinţilor Părinţi Ioachim şi Ana. N.p., n.d. Web. 22 Oct. 2016.

San Joaquin Y Santa Ana. Digital image. Acatistul Sfinţilor Părinţi Ioachim şi Ana. N.p., n.d. Web. 22 Oct. 2016.

 

Eclesiástico 44,1.10-15

Salmo 131

Mateo 13, 16-17

 

 

El día de hoy, la Palabra, para nosotros es fuerte, se nos habla de esperanza. Así es como termina hoy, después de todas esas desgracias a las que se ha enfrentado el profeta Jeremías, termina diciendo «Tú eres nuestra esperanza, porque tú lo hiciste todo» le dice al Señor.

 

Yo creo que es la confesión de fe más pura que podemos escuchar ahora, porque después de relatar todas las cosas, todas las desgracias en las que se ha hundido el pueblo de Israel, cuando dice «salgo al campo, muertos a espada, entro en la ciudad, desfallecidos de hambre» etcétera. Parece que la esperanza ya no puede ser posible, «se espera la paz y no hay bienestar» sin embargo, el grito del profeta es «recuerda, no rompas tu Alianza con nosotros».

 

En lo más hondo de cada uno de nosotros, ordinariamente brotan preguntas de vida, se nos ocurren preguntas de vida, es que en realidad, con todo esto que hoy estamos viviendo, con estas situaciones que hoy estamos enfrentando ¿es posible la esperanza? ¿Qué esperamos? ¿En qué o en quién ponemos hoy nuestra confianza, nosotros?

 

La superficialidad de la vida de todos los días, no puede, por más que quiera, no puede silenciar estas preguntas de fondo, porque tocan lo más profundo, la raíz y el sentido de nuestra vida. Por eso habría que preguntarnos hoy ¿qué es lo más maravilloso para mí? ¿Qué es lo que más me interesa? ¿Por qué y para quién vivo? ¿Para quién, hoy, soy capaz de morir?

 

Si nos asomamos a nuestro corazón y sólo encontramos que lo llena el vacío, lo que hace es aferrarnos a nuestras ataduras, para no morirnos del miedo que nos puede producir. Dios es nuestra esperanza.

Es fácil decir, incluso convencernos de que sí que lo creemos, pero traducirlo en la vida, llenar nuestro interior con esa seguridad, vivir con esa confianza, solamente es posible si tenemos la experiencia personal de encuentro con Jesús, de otra manera no. Es fácil sólo dejar que su amor vaya transformando y llenando de sentido nuestra vida, nuestra capacidad de amar, nuestras luchas, nuestras ilusiones, nuestros sueños y solamente así puede brotar una esperanza que sea para siempre y que sea capaz de llenarnos, de ilusionarnos, de fortalecernos para seguir viviendo.

 

Bien, pues hoy, no quisiera dejar de decir una palabra acerca de San Joaquín y Santa Ana, unos abuelitos de Jesús.

 

¡Cuánto ha hablado el Papa, últimamente, acerca de los abuelos! ¡Cuánto ha dicho el Papa que los tengamos en cuenta! Ya no tienen la fuerza de antes, pero si tienen un corazón más grande que antes. Eso sí, por eso me permito tomar algunas de las palabras que dijo el Santo Padre y simplemente parafrasearlas:

Les ruego no paralizarse pretendiendo dar respuestas viejas a las nuevas generaciones, su pasado es un pozo de riqueza, nuestros mayores son un pozo de riqueza, es importante escucharlos, es un pozo de riqueza donde necesitamos saber escarbar y que nos pueden hacer capaces de inspirar el presente y de iluminar nuestro futuro.

 

Por eso, dice el Papa: Ay de ustedes si se duermen en sus laureles. Es necesario no desperdiciar la fe que hemos recibido, no desperdiciar la fe que se nos ha heredado, hay que cuidarla. Pero la fe solamente se cuida con una actitud de trabajo constante, nada más así, sobre nuestras espaldas están asentadas personas muy valiosas o nosotros estamos asentados sobre esas espaldas y, gracias a eso, continuamos caminando y podemos seguir fieles hasta el fin, personas que han ofrecido la vida para que la Iglesia, para que el pueblo de Dios, pueda cumplir la misión que se le ha encargado. Por eso es importante abrir nuestro corazón.

 

Pensemos ¿cómo habrá Jesús aprendido de Joaquín y de Santa Ana? ¿Cuántas cosas no habrá aprendido de ellos?

 

Esta mañana, en el desayuno, comentaba el Padre Sergio, que seguramente algún día, como se acostumbra hacer, algún día los papás: San José y la Virgen María, le habrán dicho a los abuelitos “ahí te dejamos al niño” y ¿cómo habrán tratado al niño este par de abuelitos? Este fue el comentario, digo, es que es verdad, son cosas que, a veces, como que no recuperamos, pensamos que es lo normal vivir así, pero esto es lo extraordinario de nuestra vida, esto es lo que necesitamos valorar de nuestra vida, esos cariños que hemos recibido y que a veces hemos dejado pasar o que no le hemos dado la importancia y a la hora que nos corresponde o nos toca corresponder a ese amor, ya que son ancianos y nos necesitan, muchas veces se les olvida y esto es lo que no hay que hacer.

 

Abramos nuestro corazón, el día de hoy, dejemos que San Joaquín y Santa Ana, tengan una palabra para nosotros con su actitud, pero no solamente con su actitud de Santos, también, sino con su actitud de abuelos, que nos diga algo su ser de abuelos, la abuelita Ana y el abuelito Joaquín, que le digan algo a nuestra vida, que le digan algo a nuestro corazón y que de esta manera nos ayuden a seguir caminando en las cosas del Señor.

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